Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno,
sé del beso que se compra, sé del beso que se da;
del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga,
y sé que con mucha plata uno vale mucho más.
Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran
y, si la murga se ríe, hay que saberse reír;
no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive!
¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;
cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;
la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo...
Toda carta tiene contra y toda contra se da!
Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso,
y aquél, el que está más alto, es igual a los demás...
Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho,
me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar.
Soy
danielZAVALA
No tengo botones que apretar
ni organigramas que programar;
no tengo manillas ni hago ding-dong
porque tampoco soy un reloj;
y no tengo mando para sintonías
porque no soy una radio,
y no tengo sitio para mucha gente
porque no soy un estadio.
Yo perdí el corazón pero no me arrepiento porque pasé a sentir cosas que hoy ya no siento
Y qué será de mí hoy que todo acabó si ya me acostumbré a vivir para ti
El culpable soy yo por tener corazón por regalarte mi alma y perder la razón
Mañana olvidaré
sábado, enero 19, 2008
Mañana olvidaré la pena de haberte involucrado tanto en esta vida llena de problemas
Sombreros y disfraces y fotos que invaden la soledad que yo pedí
Paredes y sillones que buscan tu calor y sombras que han quedado en el balcón
Mañana olvidaré la noche del ayer ya no te buscaré...
El ilusionista
viernes, enero 18, 2008
Sentado en un rincón pago la entrada de una noria que le sube le da vueltas y le baja y cuando baja está otra vez sentado sobre un hilo que se escapa de una aguja mal clavada
Ay amor, ay no sé qué pena equivocarme de paisaje De ay en ay su voz se apaga en el fondo de un ay
El ilusionista entró en su vida metió su risa en la chistera la hizo desaparecer hundiéndose entre suspiro y suspiro de esta vida se dio al piro para nunca más volver
Ay, que este truco no era así que de su pulso no sale ni un tic tac y aunque contó hasta tres no consiguió despertar ilusionista charlatán ilusionando y nada más
Ay mi amor, ay no sé qué pena dar la espalda a este paisaje De ay en ay, ay sin voz sin vida
El ilusionista, entró en su vida El ilusionista, robó su vida...
Pienso en ti
domingo, enero 13, 2008
Despedazo mi razón...
Pienso en tí... Pienso un poco más en tí
Y te veo, así no te toque, rezo por ti cada noche amanece y pienso en ti
y retumba en mis oidos el tic-tac de los relojes y sigo pensando en ti
Fumando espero
sábado, enero 12, 2008
Fumar es un placer, genial, sensual...
Fumando espero a la que tanto quiero
tras los cristales de alegres ventanales
y mientras fumo mi vida no consumo,
porque flotando el humo, me suelo adormecer.
Nuestro juramento
Si yo muero primero, es tu promesa, sobre de mi cadaver dejar caer todo el llanto que brote de tu tristeza y que todos se enteren de tu querer.
Si tu mueres primero, yo te prometo, escribiré la historia de nuestro amor con toda el alma llena de sentimiento; la escribire con sangre, con tinta sangre del corazon.
Video: Federico Aubele - Postales
jueves, enero 10, 2008
Hoy daría yo la vida
lunes, enero 07, 2008
Hoy daría yo la vida por no verte más te lo juro por mi vida quiero ya olvidar
Yo no sé más nada sólo amar y estar contigo y por más que intento olvidar, no lo consigo
Digo al mundo entero nunca más veré aquellos ojos tristes que yo tanto amé
Pero late en mí un corazón enamorado que habla siempre así
Hoy daría yo la vida por tu amor de ayer hoy daría yo la vida por volverte a ver
Otro muerto
Yo no sé, ni quiero de las razones que dan derecho a matar
Otro muerto pero qué bonitos son! calladitos sin querer llevar razón
Otro muerto pero tiene su por qué algo ha hecho y sino pregúntale
No vive más...
En esta tarde gris
jueves, enero 03, 2008
Qué ganas de llorar en esta tarde gris, en su repiquetear la lluvia habla de ti.
Remordimiento de saber que, por mi culpa, nunca, vida, nunca te veré.
Mis ojos al cerrar te ven igual que ayer, temblando al implorar de nuevo mi querer.
Y hoy es tu voz que vuelve a mí, en esta tarde gris.
Ven, que te quiero tanto, que si no vienes hoy voy a quedar ahogado en llanto...
No, no puede ser que siga así, con este amor clavado en mí como una maldición.
Y hoy es tu voz que vuelve a mí, en esta tarde gris.
Al volante
Por: Daniel Zavala
Los autos siempre me han parecido muy curiosos. En general siempre he pensado que son símbolo del deseo de poder que impera en la sociedad actual. Los autos, como cualquier avance tecnológico, han servido para simplificar la vida humana, en concreto el transporte a distancias, es decir, la comunicación. Sin embargo, es curioso ver las carreras de autos televisadas y ampliamente aceptadas como deporte, eso por hablar de las 'profesionales', pues también las hay del tipo no-profesional.
A estas son a las que me remite mi inmensa curiosidad. Las motivaciones que llevan a un individuo a montarse en una máquina de semejante capacidad y velocidad a modo de demostrar que se es el mejor sin importar el riesgo potencial de morir son las causas de mi inmenso interés. Pero no para ahí, pues también los hay quienes en las carreteras mismas de la ciudad son víctimas del poder y la grandiosidad que las altas velocidades les proporcionan. Sigo pensando que muy en el fondo desean morir. Desafiar a la muerte, en sus diferentes formas, suele ser una manifestación propia de un vacío interior, de una negación de lo que la vida ofrece. Es jugarse en unos kilómetros por horas todos los sacrificios, los esfuerzos, los méritos de una vida con una única satisfacción: salir vivo. Esta escena de sobrevivencia tiene un trasfondo ante mis ojos. Quien reta de esa forma la vida no es que no la valore, es que ya ha dejado de poner sus esperanzas en ella, que ha preferido un placer momentáneo a una vida llena de satisfacciones. Aunque de este mismo modo existen los cobardes, individuos que se atreven a abandonar todas sus esperanzas a cambio de una satisfacción momentánea, pero que realmente no desean hacerlo, que viven arraigados a sus ilusiones, a encontrar la felicidad. Dichos individuos también son víctimas del poder, ansían tenerlo de alguna forma, la que sea, sentir que valen un poquito en esta vida. En resumen, a estos individuos les da miedo encontrarse con la muerte pues saben que en la vida no han encontrado lo que tanto buscan.
Para conducir se necesita saber hacerlo. Para morir conduciendo, basta con desearlo, aunque siempre hay cabida a los accidentes. El que conduce confía en sus habilidades y una vez montado en esa máquina de poder lo domina una falsa superioridad. Es por todas esas cosas que temo siempre subir a un auto conducido por alguna otra persona, pues si al menos deseo algo de esta vida es que termine como yo quiero, y no por los vacíos, cobardías o superioridades de un individuo al volante. Pero está bien, basta de palabrerías, pasemos a la acción. A la acción concreta de conducir, a tomar las riendas de una vida, la mía. Sólo que esta vez no tendré miedo a estrellarme en la siguiente esquina, ni a perderlo todo en un instante. No me amarraré a mis más profundas ilusiones y deseos, ni le concederé un espacio a la cobardía. Cúbreme los ojos, que conduciré hasta donde se pueda, hasta donde pueda correr libre sin encontrar obstáculo alguno. Si he de estrellar el auto con otro conductor, si he de hacerlo contra un poste, árbol o edificio, no me importa. Conduciré hasta donde ya no exista el miedo mismo a desaparecer, a no haber tenido un motivo para seguir. Y si he de terminar como un número más en las estadísticas, qué importa ya. No tengas miedo tampoco, cúbreme los ojos, pues en tí confío.